Ha sido propuesto por científicos de Filadelfia un fármaco para proteger el corazón tras el infarto, hasta que el paciente pueda ser atendido en un hospital. Durante ese intervalo de tiempo crítico, algunas áreas del corazón mueren o sufren daños irreversibles. El fármaco propuesto es un inhibidor de una proteína llamada TNN13K la cual responde al infarto matando células cardiacas. El trabajo ha sido probado en ratones, demostrando que alejando esta proteína con fármacos se evita un gran número de daños.
Cuantas más células del músculo cardiaco resulten dañadas, más deficiente resultará la reparación del corazón y peores serán después las arritmias y carencias derivadas. Es decir, más deficiente será la calidad de vida del paciente, en caso de que sobreviva.
La causa del infarto es el bloqueo de una arteria coronaria debido al depósito de grasas en las paredes de esta, haciendo que disminuya así su diámetro e impidiendo el paso fluido de la sangre. La primera obra de los médicos cuando llega el paciente es restaurar el flujo coronario. El tiempo en el que se realice la acción es crucial para lograr salvar la mayor parte de células del músculo cardíaco, los llamados cardiomiocitos.
Ronald Vagnozzi, Thomas Force y Thomas Jefferson, han identificado la causa de la muerte de los cardiomiocitos y han colaborado con los científicos de la unidad cardiovascular de GlaxoSmithKline, en Pensilvania, para desarrollar tres fármacos candidatos. Se trata de inhibidores específicos de la TNN13K.
Los autores apoyan su propuesta para que pueda ser probada en humanos, debido al resultado satisfacctorio de la prueba con ratones. También apuntan que no tendrán muchos efectos secundarios.

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