sábado, 17 de mayo de 2014

ENTREVISTA A Mª VANESA FERNÁNDEZ

María Vanesa Fernández Cid es una licenciada en química que trabaja dirigiendo una empresa la cual se dedica a la creación de fármacos en los Países Bajos. 

-Cuéntanos Vanesa; ¿Cómo llegaste a tu puesto actual? 
Me marché a los Países Bajos en el 98 después de licenciarme en ciencias químicas y me fui a Holanda a hacer unas prácticas de 6 meses. Después me puse a trabajar para una empresa más grande y una vez que empecé a trabajar allí volví a la universidad a hacer la tesis doctoral. Posteriormente empecé a trabajar para una de las empresas que patrocinaban la tesis y a partir de ahí lo que se hizo fue crear la empresa en la que estoy ahora y comencé todo a partir de lo anterior, por eso decidí quedarme allí. 

-¿En qué consistió tu doctorado? 
Consistió en teñir piezas de algodón sin utilizar agua. Para ello sustituimos el agua por CO2 y así podemos teñir sin utilizar agua y como consecuencia no obtendremos aguas residuales. 

-¿Has obtenido algún beneficio de este doctorado? 
Si, se aprende mucho, sobre todo a llevar un proyecto solo. Aprendes a ser capaz de buscar, de pensar, de ser independiente. 

 -¿Cual dirías que es tu papel dentro de esta empresa farmacéutica?  
Mi papel no lo hace solo una persona, una empresa necesita un equipo. Lo que yo he podido hacer en esta empresa ha sido desde lo más básico, desde incluso pedir bolígrafos para la oficina, hasta estar en el laboratorio, contratar a gente… Todos los aspectos que requiere una empresa, además del desarrollo del producto, con lo cual todas las facetas son muy interesantes. 

-¿Qué tipo de cualificación se necesitaría para empezar a trabajar en tu empresa? 
Curiosidad y muchas ganas de aprender es lo esencial. 

-¿Cuántas nacionalidades diferentes encontraríamos entre los trabajadores? 
En Echo-Pharma hay españoles y holandeses, solo dos. Sin embargo en las otras empresas del grupo hay más de diez nacionalidades diferentes. 

-¿Qué tipos de productos desenvuelve Echo-Pharma? 
Desarrollamos fármacos a partir de la planta Cannabis que tiene una serie de propiedades medicinales. Nosotros lo que hacemos es utilizar el compuesto activo, lo formulamos, desarrollamos una tableta, como si fuese una aspirina, y una vez desarrollado el producto hacemos estudios en humanos para demostrar que es eficaz. La manera de que el producto llegue a las farmacias es a través de estudios clínicos con humanos. 

-¿Se ha llevado al mercado alguno de estos productos? 
Tenemos un competidor directo que tiene el producto aprobado en 22 países, 17 de ellos europeos, y comercializado en 9. Es un producto también derivado del Cannabis y en España está autorizado para tratar los espasmos y el dolor en los enfermos de Esclerosis Múltiple. Los espasmos se refieren a la rigidez muscular, como calambres, y lo que hacen los compuestos de Cannabis es relajar. 

-¿Cuáles son los principales pasos a seguir para crear un nuevo fármaco? 
Es un proceso muy largo, empieza descubriendo el compuesto activo que se cree que puede tener un efecto. Primero se estudia en animales y en células, y una vez que demuestras que parece que funciona, luego el desarrollo es a través de estudios en humanos. Es un proceso que suele llevar más de 10 años. 

-¿Qué procesos se sigue para patentarlo? 
Diferentes, puedes hacer una patente de muchas cosas. Puedes hacerla de un compuesto químico, como un compuesto activo que se ha descubierto en el laboratorio o lo han sintetizado. Por ejemplo nosotros, nuestro compuesto químico es conocido y no se puede patentar, porque para patentar tiene que ser algo nuevo, pero lo que hacemos nosotros es patentar un proceso, el proceso que necesitas para formularlo, para hacerle algo similar a una capa al compuesto de manera que lo puedas meter en el organismo. Hay diferentes patentes y las patentes lo que exigen es que sea novedoso, que no se haya publicado, no puede haber sido expuesto públicamente. Es un proceso largo, con duración de más de 10 años, y muy costoso, podría llegar a los100 millones de euros.

 -¿Qué tipo de ayudas ofrece el Estado holandés a la investigación y desarrollo del país? 
 Algunas más que desafortunadamente en España en estos momentos, pero son ayudas comparables a las españolas. Pueden ser del gobierno holandés, como la que hemos recibido nosotros, como un crédito, o las subvenciones europeas, que igual que se le han dado a España, también las ha recibido Holanda, pero son similares. Aunque sí es verdad que se subvenciona más en Holanda. 

-¿Cuál dirías que es la parte más difícil de tu trabajo? 
La gente, las personas, motivarlas y que sean un equipo, que crean en el proyecto para llevarlo a cabo. Pero también es lo que me hace seguir adelante. 

-¿Cuáles son las expectativas de la empresa en estos momentos? 
Nosotros somos una empresa muy pequeña, somos 8 empleados, y eso requiere una financiación. Nuestro objetivo es demostrar la eficacia del compuesto, y buscar una empresa más grande a la cual le interese el producto y se lo vendemos. Ellos seguirían con el proceso hasta comercializar el fármaco. Otra opción es financiación, buscar dinero para continuar el proyecto nosotros.

-Para acabar cuéntanos alguna anécdota que hayas vivido. 
Una anécdota no se me ocurre, pero la vida en Holanda es distinta, aprendes mucho, notas mucho la diferencia cultural. Ellos son más directos, dicen lo que quieren, van al grano. Una anécdota de diferencia cultura sí que podría contar. En España, sobre todo los gallegos cuando nos ofrecen algo tenemos la costumbre de decir que no, por educación, e insistimos y entonces a la tercera vez decimos que sí. En Holanda están acostumbrados a que uno diga lo que quiere a la primera. Me acuerdo que estaba en la universidad y me dijeron mis compañeros si quería tomar un café, y yo como buena gallega que soy, dije” no, no, es igual”, y ellos se marcharon y me dejaron sola. Ahí me di cuenta de que tenía que decir que sí de primeras si quería algo, ya que ellos no iban a insistir. Y eso es algo que aprendí allí, a hablar en las reuniones, a dar mi opinión y a no esperar que te pregunten siempre, sino decirlo. A veces es mejor pedir perdón que pedir permiso. 

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